La canción (Lo mejor del 2015)

Sufjan

Mientras Brooklyn se levanta a sus espaldas, el hombre decide perder la mirada en cualquier forma del blanco que la nieve deposita sobre la tierra. Una cámara quiere dar testimonio, y para ello debe alcanzar la profundidad dentro de la cual la niebla perdona las siluetas de los rascacielos. Obtura. Una, dos, cuatro, quién sabe. Hay una foto, y después de apreciar la velocidad de los copos de nieve, las ondas que asume la madera para irradiarse en el agua helada, la presencia marmórea del hombre y todo ese blanco subrepticio, después de la foto, es fácil imaginarse a este hombre llamado Sufjan Stevens con la misma mirada y encima de la canción. Ensimismado, dulce y maltrecho. Cuando el dolor sobrepasa lo máximo, aparece la incorporeidad que Sufjan tomó y, junto a los tres dones anteriores, convocó durante la creación de Carrie and Lowell. ”Aunque sea una historia personal, al mismo tiempo es extremadamente universal, con lo cual no me puedo situar en una posición demasiado individualista, cayendo en el solipsismo” dijo a una revista española* para explicar su determinación de grabar un álbum entero con los penosos relatos en los que su madre Carrie es la protagonista. Esta canción, la mejor de mi 2015, fluye delicadamente al lado de otras que hablan de orfandad, botellas de alcohol, desapariciones en la calle, clorpromazina, vacaciones violentas e infancia descolorida, sólo para mencionar una muestra.

Debería haberlo sabido

Nada puede ser cambiado

El pasado todavía es pasado

El puente a ningún lado.

Una carta debería haber escrito

Explicando lo sentido

Ese sentimiento vacío.

 

Carrie, entonces, es el origen y el destino de unas composiciones que transforman los reproches en ternura, como aquí, en Should Have Known Better, donde Sufjan cuenta que una vez fue abandonado por ella en la tienda de videos con tan sólo tres años de edad. El perdón es tácito, la petición de hijo es un grito susurrado. La voz doblada, la guitarra cristalina, los coros azules y envolventes, y esa melodía que a mitad de canción resplandece porque los teclados anuncian un sol hermosísimo y Sufjan va levantando un crescendo emocional, tan arrasador que termina en la misma VERDAD.

No des vuelta atrás, ya no queda más.

Redimirse antes de abrazar la esperanza, a la que Sufjan otorga forma y persona: la hija de su hermano, la nieta que Carrie nunca podrá conocer, pero quien representa el renacimiento de la mujer en una familia atormentada.

My brother had a daughter

The beauty that she brings, ilumination.

En mi caso, no hay herencia trágica y, a diferencia de Sufjan Stevens, mi madre me enseñó a amar. Pero como oyente puedo jugar con las posibilidades de la obra, adentrarme en los caminos y tomar la decisión creativa inspirada por el arte. Entonces, quiero darle un nombre propio a esos dos versos: Mara Naiala.

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